lunes, 19 de diciembre de 2016

América del Norte: El triunfo indígena que molesta a Facebook y a Trump


En Estados Unidos, los pueblos originarios acaban de ganar una batalla importante contra las corporaciones petroleras. La disputa es por un oleoducto en Dakota del Norte, la "serpiente negra" de la profecía.

El mundo está mirando a los Estados Unidos. Y no sólo porque los flashes se posan sobre la figura del nuevo presidente, Donald Trump, con sus posturas racistas y xenófobas. Un movimiento de lucha indígena y ambientalista acaba de conseguir frenar el proyecto Dakota Access Pipeline (DAPL).

Luego de meses de acampar y manifestarse en defensa de su territorio y contra el saqueo medioambiental, las organizaciones lograron una victoria contra la "serpiente negra" que profetizaron desde tiempos inmemoriales y que ahora parece hacerse realidad de la mano de las necesidades de la industria petrolera de generar infraestructura. Se trata de un oleoducto de 3.800 millones de dólares, de una extensión de 1.931 kilómetros y que podría acarrear 470.000 barriles por día de petróleo desde los yacimientos bituminosos de Dakota del Norte a una infraestructura ya existente en Illinois, desde donde el crudo se podrá distribuir al Golfo de México.

"Queremos agradecer a todos lo que jugaron un rol abogando por esta causa, a la juventud indígena que inició este movimiento. A los millones de personas alrededor del globo que expresaron su apoyo, a los miles que vinieron a los campamentos a apoyarnos, a los cientos de miles que donaron tiempo, talento y dinero para nuestros esfuerzos de pararnos contra este oleoducto, en el nombre de proteger nuestra agua. Especialmente, agradecemos a otras naciones indígenas que se pararon junto a nosotros solidariamente. Nosotros  estamos listos para pararnos junto a ellos cuando su pueblo lo necesite", dijo Dave Archambault II, presidente de la tribu sioux de Standing Rock.

A pesar de haber sido violentamente reprimidos, espiados y silenciados, consiguieron que las autoridades nacionales reconsideren el recorrido de las tuberías, evitando pasar por territorio sagrado indígena y debajo del Lago Ohae, ubicado junto al río Missouri, la fuente de agua de la Reserva Sioux de Standing Rock.

La decisión fue tomada por el Cuerpo de Ingenieros Militares, que le negó el permiso a la empresa Energy Transfer Parteners. Desde abril pasado, cientos de personas participan en distintos campamentos, como el de la Roca Sagrada y el del Oceti Sakowin, Consejo de los Siete Fuegos. Cuando se enteraron que se había frenado la construcción del oleoducto se escuchó el cantó "mni wichoni": el agua es la vida.

Aunque en el hemisferio norte está llegando el invierno con sus bajísimas temperaturas, decidieron seguir con el acampe, ya que consideran que esta es apenas una batalla ganada. Deberán estar bien pertrechados: a la noche, las temperaturas pueden ser de menos de 15 grados bajo cero.

La compañías constructoras que están llevando adelante la obra –Energy Transfer Partners (ETP) y Sunoco Logistics Partners– emitieron un comunicando quejándose de que la decisión fue "motivada políticamente" y criticando al saliente presidente Barack Obama por buscar retrasar el asunto hasta abandonar el cargo. El dueño de ETP fue donante en la campaña de Donald Trump, quien siempre tuvo una postura de desprecio hacia los pueblos originarios y el medioambiente. Hasta el momento, el presidente electo no hizo declaraciones sobre el tema. Trump deberá confrontar con un proceso de resistencia inédito en el último siglo.
Ante el ultraje de sus sitios sagrados y las amenazas de una grave contaminación del río Missouri –el más largo de América del Norte–, no sólo se puso de pie la Gran Nación Sioux sino que se congregaron todos los pueblos originarios de los Estados Unidos, a los que se sumaron militantes ambientalistas.

No la tuvieron fácil: recurrieron a la acción directa pacífica para frenar el avance del oleoducto. Sufrieron violentas represiones. La policía local, la fuerza de carretera y la Guardia Nacional no escatimaron en brutalidad. En numerosas oportunidades, los manifestantes fueron atacados con perros, balas de goma, bombas de estruendo y gas pimienta. En medio de las bajísimas temperaturas, sufrieron el ataque de carros hidrantes que lanzaron agua helada. Además fueron espiados y hostigados por parte de personal de seguridad privada, perteneciente a la empresa TigerSwan Security, vinculada a Blackwater, la tristemente célebre empresa que proveía mercenarios para la invasión a Irak.

Hasta hace muy pocos días, la noticia de esta lucha no figuraba en la agenda de los grandes medios. Solo circulaba la información gracias a medios alternativos y a las redes sociales. En la última y más violenta de las represiones, que se produjo en la madrugada del 20 de noviembre, hubo 300 heridos, 26 de ellos hospitalizados. Un manifestante sufrió un paro cardíaco.

En ocasión de un ataque policial contra manifestantes, el pasado 13 de septiembre, el medio alternativo Unicorn Riot estaba trasmitiendo en vivo desde Facebook. Primero, dos de sus reporteros fueron detenidos. Luego el streaming se cortó. Desde Facebook alegaron un "error involuntario".

Un hecho que logró más difusión que decenas de protestas fue cuando la ascedente actriz de Divergente, Shailene Woodley, participó de una de las protestas y fue arrestada.

Pese a la censura inicial, la noticia ya circuló globalmente, generando solidaridad de indígenas y ambientalistas de todo el mundo que se sintieron identificados inmediatamente. La diferencia con muchas otras luchas similares es que la del oleocducto está sucediendo en el corazón de Estados Unidos, donde no se registraban acciones coordinadas de los pueblos originarios desde hace mucho tiempo. El gran país del norte tiene una larga historia de tratados incumplidos y de discriminación, que fueron relegando a los nativos a una situación cada vez más difícil. Todavía está preso el activista indígena Leonard Peltier, detenido desde 1977 en el marco de una lucha en defensa de una reserva indígena, no muy lejos de donde ahora se desarrollan los eventos.
 
Durante muchos años los indígenas estadounidenses, derrotados, no se hicieron notar.  Hasta que dijeron basta. Y ahora el mundo los escucha. Está claro que van a seguir con esta pelea.




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