miércoles, 15 de septiembre de 2010

Vendiendo el Aire


Silvia Ribeiro *
LA JORNADA/ 11 de septiembre de 2010

Avanza uno de los más increíbles ataques a los bienes comunes del planeta y la humanidad: la privatización del aire. La principal herramienta para ello es un mecanismo llamado cínicamente REDD (reducción de emisiones por deforestación y/o degradación evitada de bosques), que está entre los puntos clave que promueve el gobierno
mexicano en las negociaciones internacionales sobre el clima.

La propuesta de los programas REDD es que como la deforestación es un
factor importante de la crisis climática, hay que compensar  económicamente a quienes ya no lo hagan. Por ello se llama deforestación "evitada": primero hay que deforestar para luego vender el dejar de hacerlo. Un típico escenario "ganar-ganar", como dicen los empresarios y sus ONG amigas. Ganan los talamontes al deforestar y ganan por dejar de
hacerlo. Quienes más se benefician de estos programas son los que más
bosque y selva hayan destruido. Y que podrán seguir haciéndolo, ya que
REDD acepta que dejando apenas 10 por ciento del área original se cuente
como "deforestación evitada".

Al programa original se le agregaron versiones llamadas REDD++, que  incluyen pagos por "acrecentar los inventarios de carbono" y pagos por  "conservación" y "manejo sustentable del bosque". En el primer caso se trata de, además de deforestar, establecer en su lugar monocultivos de árboles, otra fuente de lucro adicional, con fuertes impactos
ambientales y sobre las comunidades.

Lo más perverso de este mecanismo es lo que llaman "conservación y  manejo sustentable", porque apunta directamente a despojar a las comunidades indígenas y campesinas de sus derechos y territorios.

La propuesta de REDD es que "como se paga", lo que se haga con el bosque
y su capacidad de absorción de dióxido de carbono debe ser  "verificable", es decir, definido por agentes externos a las  comunidades. Para éstas y los ejidos significa pagar caro a "expertos"  para que les digan qué pueden o no hacer en sus propios bosques y
territorios, y firmar "voluntariamente" (o engañados por instituciones
gubernamentales y ONG que gestionan estos programas) la alienación de su
manejo autónomo del territorio, para poder cobrar unos pesos por la
supuesta capacidad de absorción de sus bosques. Esa capacidad la compran
empresas altamente contaminantes y grandes emisores de gases de efecto
invernadero, para seguir contaminando con la justificación (no probada
científicamente, pero muy lucrativa) de que en otra parte del mundo
habrá un bosque que absorberá sus emisiones. A su vez, esto entra en un
mercado secundario de créditos de carbono donde la misma empresa puede
revender a otros por un precio mayor, recuperar toda su inversión y
además ganar dinero extra. El mayor volumen monetario de los mercados de
carbono es la especulación secundaria, es decir, la venta y reventa de,
literalmente, puro aire.

Este tipo de mercantilización y especulación ya existía antes de REDD,  con el pago y comercio de servicios ambientales. Con REDD, se trata de  consolidar globalmente una nueva forma de "derechos de propiedad". No la  propiedad directa del bosque, sino la de "derechos de emisión" de éstos, para comerciarlos en un mercado altamente especulativo.

Así, las empresas más criminales del planeta, además de devastar enormes  zonas con sus actividades, calentar el planeta y maquillarse de verde  con esta compra de "créditos de carbono", reclamarán la propiedad /de facto/ de los bosques, porque aunque las comunidades sigan teniendo sus títulos de propiedad, no podrán tocarlos ni decidir nada sobre ellos.

Un ejemplo reciente: el 7 de septiembre, la Red Indígena Ambiental y  Amigos de la Tierra Internacional denunciaron que el proyecto REDD más  grande hasta el momento, 100 mil hectáreas en Rimba Raya, Borneo, es financiado por la Shell, Gazprom y la Fundación Clinton. En realidad no  es "financiación", sino inversión, ya que Shell y Gazprom seguirán
lucrando con sus actividades contaminantes (que producen más  calentamiento global) y además ganarán millones de dólares con la venta de esos créditos de carbono en el mercado secundario. Reuters estimó que  en ese proyecto se podrían captar más de 750 millones de dólares en 30 años.

Tom Goldtooth, de la Red Indígena Ambiental, declaró: "Shell ya cometió  genocidio del pueblo Ogoni, en Nigeria, y ecocidio de la cuenca del  Níger. REDD hace posible que ésta y otras empresas sigan con la  extracción de combustibles fósiles mientras continúan destruyendo el  clima y a los pueblos indígenas. La mayoría de los bosques del mundo
están en territorios nativos. Los proyectos tipo REDD han resultado en  despojos de tierras, violaciones de derechos humanos, amenazas a la  sobrevivencia de nuestras culturas, militarización, engaños y servidumbre."

En México, los que promueven este lucrativo negocio de las  trasnacionales junto al gobierno, antes gestionaban contratos de  biopiratería, luego metieron a comunidades a la venta de servicios  ambientales y ahora, consecuentemente, promueven REDD++.

Por todo esto, la Vía Campesina, en su convocatoria a movilizarse frente  a las negociaciones sobre el clima, que se realizarán en diciembre en  Cancún, llama a denunciar y oponerse a los programas REDD y a los  mercados de carbono, una demanda que también expresó claramente la  Cumbre Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático, en Cochabamba.

* Investigadora del Grupo ETC


Fuente: LA JORNADA
Difunde: Ukhamawa Noticias
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