sábado, 20 de septiembre de 2008

Ecuador: Mónica Chuji renuncia a Acuerdo País

Quito, 15 de septiembre de 2008
 
Señores
Acuerdo País y compañeros y compañeras asambleístas
 
 
De mis consideraciones.-
 
Ante los reiterados pronunciamientos realizados por el Sr. Presidente de
la República, que deslegitiman a todas aquellas propuestas que de alguna
manera u otra discrepen con la política oficial, y ante los derroteros que
está asumiendo la política pública, que pone en riesgo la vigencia de los
derechos fundamentales de los pueblos, y de los sectores populares, por el
compromiso del gobierno con la visión extractivista, que continúa con las
viejas políticas de destrucción de la naturaleza, con políticas agrarias
que atentan contra la soberanía alimentaria, entre otras; y luego de un
profundo proceso de reflexión y análisis sobre la necesidad de conservar
la coherencia con el proyecto político de cambio por el que hemos luchado,
me veo en la obligación moral y política de separarme de manera
irrevocable y definitiva de Acuerdo País.
 
La decisión de separarme de este movimiento político obedece,
principalmente, a la constatación que he realizado de que existe un
alejamiento de los objetivos originales planteados con respecto a su
práctica política. Siempre he considerado que la democracia plurinacional
se construye con honestidad, pluralismo y con una verdadera participación
ciudadana, y pienso que el pragmatismo del poder los han ido desgastando y
diluyendo.
 
Durante mi trabajo como Asambleísta, y como Presidenta de la Mesa No. 5 de
Recursos Naturales y Biodiversidad, constaté con asombro la manera en que
el régimen de Acuerdo País se desdecía de sus fundamentos políticos y
apoyaba posiciones conservadoras y reaccionarias y, específicamente, anti
ecologistas.
 
Debo confesar al país que las mayores resistencias a una propuesta
democrática no solamente fueron hechas por la derecha política, sino que,
paradójicamente, provinieron también desde el ejecutivo. Me remito a las
informaciones públicas que dieron cuenta de la intervención del ejecutivo
sobre la Asamblea Constituyente, para limitar y acotar derechos
fundamentales en la transformación política, como aquellos que dan
contenido al Estado Plurinacional, como el consentimiento previo, libre e
informado, la separación del Estado del gobierno, el kichwa como idioma
oficial, entre otros.
 
Empero, debo indicar que a pesar de esto, yo suscribo el texto
constitucional aprobado por la Asamblea Constituyente y llamo a votar por
el SI, porque este texto constitucional, con todos sus defectos,
representa un momento histórico de cambio y de esperanza para ir
construyendo a futuro el Estado y la democracia plurinacional.
 
Pero, al mismo tiempo que creo firmemente en que hay que apoyar y
suscribir el proyecto de Constitución aprobado por la Asamblea
Constituyente, considero que Acuerdo País ya no representa la posibilidad
de cambios estructurales que exige nuestra sociedad.
 
Mi experiencia al interior de esta agrupación política me indica que,
lamentablemente, se ha perdido el sentido de democracia interna en la toma
de decisiones: Acuerdo País se ha convertido en una organización política
en la que las decisiones fundamentales se toman de manera antidemocrática.
Se ha extraviado la posibilidad de la disidencia, y su cúpula ve con
suspicacia y recelo el solo hecho de pensar de manera diferente con
respecto a sus decisiones.
 
Pienso que una transformación democrática y pluralista de nuestro Estado y
de nuestra sociedad debe pasar necesariamente por la descolonización de
todas las formas de dominación, incluidas aquellas que se dan en nuestros
propios espacios de debate y acción política, de tal forma que permitan
construir un verdadero proceso democrático inclusivo, participativo,
plural, autogestionado y dirigido por quienes históricamente hemos luchado
por un futuro justo, equitativo y ecológicamente sano para nuestro tiempo
y para nuestras futuras generaciones.
 
He observado con mucha preocupación como Acuerdo País, en su afán de
construir los apoyos electorales que le permitan continuar en el poder,
manipula, vulnera, margina y trata de cooptar a las organizaciones
sociales, populares e indígenas, e incluso, como hemos visto en Dayuma y
Panantza, ha llegado a la criminalización de la movilización social.  Esto
pone en riesgo no solo a las organizaciones y movimientos sociales sino a
toda la democracia. Es una vieja práctica que la hemos vivido desde la
derecha y el neoliberalismo, pero que ahora sorprende cuando proviene de
un movimiento político que dice ser de izquierda y se autodenomina
"ciudadano".
 
Con estos antecedentes, me pregunto: ¿dónde está la "participación
ciudadana"?, ¿en qué consiste, en realidad, la "revolución ciudadana" de
Acuerdo País?, ¿dónde está su sentido de democracia cuando  las bases de
Acuerdo País, son obligadas a someterse incondicionalmente al criterio de
que un solo líder? ¿Puede un solo líder acoger los anhelos y las demandas
del pueblo ecuatoriano e interpretarlos a su gusto, sin un verdadero
diálogo, ni autocrítica? ¿No significa que esto conllevará a una forma de
gobierno autocrática, en que el pueblo deberá someterse en silencio, sin
disidencia y "por su propio bien"?
 
Por todas estas prácticas, he llegado a la conclusión de que Acuerdo País
no es un movimiento de izquierda, aunque su pretensión sea la de auto
declararse como tal. De que su referencia al "socialismo del siglo XXI" se
convierte más en una estrategia política-electoral que en una realidad.
 
Un Estado democrático, participativo y plurinacional no puede ser
construido desde arriba y desde la voluntad omnímoda de nadie. Tiene que
fundarse en el respeto de las diversas colectividades y de las personas.
El poder político democrático tiene que nacer y sostenerse a base del
diálogo horizontal, incluyente y plural para llegar a consensos, y ello
necesariamente implica la participación directa de las organizaciones y la
sociedad en general.
 
Creo en un Estado democrático, participativo y plurinacional que
descolonice las formas de poder, la imposición, la dominación y la
represión antidemocráticas, racistas y violentas que llevan siglos, no
solo en nuestras instituciones sino incluso en nuestras propias
subjetividades y organizaciones sociales y políticas.
 
Un Estado Plurinacional se construye desde el reconocimiento a las
diferencias que nos atraviesan, y para hacerlo, se necesita de una enorme
capacidad de pluralismo, respeto y democracia, aspectos de los cuales
Acuerdo País carece por el momento.
 
Pienso que nuestro pueblo, que ha escrito páginas imborrables de
resistencia, de dignidad, de valentía, retomará en algún momento el
sentido del cambio con el que empezó este proceso de transformación.
Acuerdo País no es el dueño de estos procesos; el movimiento indígena
lleva ya más de dos décadas resistiendo al neoliberalismo y cinco siglos
resistiendo a la modernidad y al capitalismo.
 
De mi parte, me debo al movimiento indígena, me debo a la esperanza de
construir el retorno de los buenos tiempos, del sumak kawsay. Me debo a
esas voluntades que decían alguna vez que somos como paja de páramo que se
la arranca y vuelve a crecer, y es pensando en esa historia, en esa
memoria, en esos sueños, que he tomado esta decisión.
 
Quiero agradecer a todos las compañeras y los compañeros de Acuerdo País
con quienes he compartido las esperanzas de un nuevo Ecuador, y con
quienes dimos batalla desinteresadamente por nuestros principios; quiero
agradecer a los que nos apoyaron con sus votos, a todos aquellos que nos
dieron su mano, su abrazo, su ilusión, su aliento, quiero decirles que los
llevo en mi corazón, que son parte de mi camino, que esta decisión no
significa en modo alguno separarme de ellos, sino volverlos a encontrar
para seguir soñando, para seguir construyendo las utopías del Estado
plurinacional y la democracia participativa y directa.
 
 
 
Mónica Chuji Gualinga
Asambleísta
 
Recibido de CONAIE.org

 



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